
Cali es una ciudad de relatos e historias fantásticas, tenebrosas o alegres. Es común ir por la calle y escuchar sobre el Monstruo de los Mangones, la mano negra de la Loma de la Cruz o pasar por el parque de los estudiantes y observar la imponente estatua de Jovita, viva y resplandeciente. Hay un sinfín de relatos que evocan lo maravilloso de esta tierra, de su historia y de su gente.
Jovita Feijoo
Emblemática, carismática y alegre, así era Jovita Feijoo, autoproclamada la “Reina de reinas” de la capital valluna. El nombre de Jovita Feijoo no pasa desapercibido por nadie. Siempre encabezando los desfiles de la feria de Cali, repartiendo besos y luciendo pintorescos trajes, Jovita se convirtió en algo tan típico y querido como el Champús y el Pandebono.
Trágicamente murió el 15 de Julio de 1970. Ese día, Jovita dejó de ser aquella figura folclórica de la sociedad para convertirse en una leyenda e identidad cultural caleña.
El monstruo de los mangones
Por aquellos años setenta en los cuales la ciudad se “enrumbaba” con los sonidos de Richie Ray, de Héctor Lavoe y con los emblemáticos salseros del Grupo Niche se daba pie a la desaparición de niños, que posteriormente eran encontrados sin vida en los Mangones, terrenos baldíos de Santiago de Cali que hoy en día son el hogar de gran parte de la población caleña. Muchos se encontraban sin una gota de sangre, generando temor y escalofríos en los habitantes de la sultana.
Jamás se supo de la verdadera identidad de aquel terrorífico personaje que mantuvo los parques desolados en horas de la noche, lo único certero es que aún afuera, allá en los Mangones, el monstruo sigue a la espera de sangre joven y fresca que mantenga en vilo éste típico relato.
El ojo de Buziraco
Es común que al andar por las calles de la ciudad se logré observar en lo alto de una montaña tres imponentes cruces. Miles de personas suben día a día a lo más alto de ésta cumbre por diversas razones, ¿Pero por qué hay tres cruces plantadas en lo más alto de tan emblemático cerro?
Dicen las leyendas que Buziraco, un gigante y tenebroso murciélago era observado en las noches en la cumbre del cerro, rodeado de hombres y mujeres que al son de los tambores bailaban a su alrededor. Atemorizados, los habitantes suplicaron por ayuda para expulsar a tan malévolo demonio, desde Popayán fueron enviados los misioneros Vicente y Juan de la Cuesta, que plantaron tres cruces de guadua para aplacar al murciélago. Nunca volvió a ser visto, la calma de la noche volvió para los ciudadanos, pero en 1925, un temblor sin precedentes derrumbó las tres frágiles cruces.
Tuvieron que pasar doce años hasta que se instalaron tres cruces de concreto para evitar mayores peligros. Muchos de los habitantes aseguran que Buziraco jamás abandonó el cerro, que quedó sepultado bajo las tres cruces y que aún aprovecha para hacer de las suyas ante la oscuridad de la noche.